De día es una figura preciosa. De noche se enciende sola.
El jardín se apaga a las nueve. Ese camino que tanto te gusta, los macizos que cuidas todo el año — en cuanto cae el sol, desaparecen. Y poner luces de verdad significa cables, enchufes y alguien que sepa.
PavoLuz se resuelve en un gesto: la clavas en la tierra y ya está. El panel solar se carga durante el día y, al anochecer, el pavo real se ilumina desde dentro — el plumaje verde y azul brillando como si respirara. Sin obra, sin cables, sin factura de luz.